sábado, 20 de agosto de 2016

#RSE PARA TODOS LOS GUSTOS

La Responsabilidad Social (y sobre todo sus derivaciones) sigue de moda. Pese a que su nacimiento académico y conceptual se suele fijar en el trabajo de Howard R. Bowen a mediados del siglo XX, aún hoy los expertos en la materia continúan lanzando nuevas propuestas y variaciones teóricas. Este hecho aporta beneficios evidentes en la dinámica de pensamiento sobre la gestión y estrategia empresarial y, en parte, sobre su posible práctica y traslado al CSP (Corporate Social Performance). 

También de ello se desprenden algunas divertidas consecuencias y ocurrencias sobre la etiología que no pasan de anecdóticas, y propuestas más o menos imaginativas. Recuerdo un tiempo, hace bastantes años, en el que me interesé por el fenómeno del coaching y su aplicación en la empresa. Comencé a preocuparme cuando la moda llegó a popularizarse de tal modo que se ofrecían programas de coaching con caballos y cosas por el estilo, y ante el temor de que se ofrecieran cursos de coaching en las cajas de yogourt en los lineales de Mercadona decidí dejar el asunto. Tengo la certeza de que la historia no se repetirá con la responsabilidad social por mucho esfuerzo que pongan algunos.
Falta formación en la materia, no hay duda. Sobra precipitación, menos dudas todavía, a la hora de situar responsables de RSE en las organizaciones procedentes de las áreas más insospechadas. E inevitablemente hay un uso comercial basado en el sonido de las campanas, uno instrumental basado en el oportunismo político y además un uso ruidoso en las redes sociales sin base técnica ninguna. No es raro que en muchas organizaciones no entiendan de qué se trata, porque cada día aparece un nuevo gurú dando definiciones de lo que es y lo que no es responsabilidad social, y lo que es más grave, señalando sin pudor ninguno quién es y quién no es socialmente responsable.
Crane y sus colegas de investigación ya reconocían que no había una definición consensuada en el mundo académico, pero que era algo lógico dada la pluralidad de disciplinas relacionadas con el área de negocio que abarcaba: estrategia, finanzas, procesos, recursos humanos etc. Por otro lado, como mencionaba en el post anterior a éste las definiciones del estudio de Dahlsrud se refieren por lo general a 5 dimensiones: social, económica, ambiental, "stakeholder" y voluntariedad, como citan García-Santos y Madero-Gómez en su reciente artículo "La Evolución del Concepto de Responsabilidad Social Corporativa: Revisión literaria". Publicado en "Conciencia Tecnológica" (2016).
Haciendo un repaso histórico, los autores señalan que para Bowen (1953) la responsabilidad social suponía una forma de conducta empresarial acorde a los objetivos y valores deseables de la sociedad de la época, lo que sigue siendo vigente aún hoy. Bowen, sin embargo, no podía sospechar entonces que las diferentes ideologías políticas podían utilizar su ideario para tratar de legitimar cuáles son los valores sociales según del lado del que se mire, dejando de ese modo a las organizaciones en el limbo de la disputa política. Para Frederick (1960) la responsabilidad social implicaba un postura hacia la economía y los recursos humanos y una disposición hacia fines más allá de la propiedad privada o de las empresas. Sethi por su parte en (1975) introducía el concepto de "expectativas de desempeño" considerando que las organizaciones, actuando en el marco social establecido, tenían la responsabilidad de cumplir con sus fines y objetivos en primer lugar. Más o menos en la misma línea Carroll (1979), que ya hablaba de expectativas de la sociedad, mencionaba la discrecionalidad de las organizaciones en un cierto período de tiempo como el driver de las actuaciones en responsabilidad social.
Ya metidos en los años ochenta, que no olvidemos es una década de despertares en muchas disciplinas empresariales, Drucker (1984) enfoca la responsabilidad social como el hecho de convertir un problema social en una oportunidad económica. Este concepto me parece particularmente interesante, nótese la dirección de la acción: de la sociedad a la empresa. Es decir, no es la empresa creadora de problemas la que se ve exigida para resolverlos, sino que es la empresa ante el problema social la que interviene en beneficio mutuo. Esto puede significar en nuestro país, un descubrimiento casi sacrílego para algunas mentes bien pensantes: "La sociedad tiene problemas que la empresa no crea"... ¡¡ Qué descubrimiento !! ¿A quién hay entonces que culpar?
Más allá de la licencia irónica, Wood (1991) proponía una especie de "casamiento" entre empresa y sociedad para lograr un mejor entendimiento. Romper la disociación existente e incardinar la estructura organizativa empresarial como elemento vertebrador de la sociedad, algo como también comentaba en el post anterior, impensable en una sociedad anticapitalista. Ya en este siglo McWillians y Siegel (2001) se inclinan por la voluntariedad, es decir, por aquellas acciones que las empresas realizan más allá del cumplimiento legal, aún no se habla de la gestión de impactos. Un poco más tarde, Hopkins (2003) enfoca la responsabilidad social en los "stakeholder" o grupos de interés, en particular en la relación y diálogo sinceros con sus componentes internos y externos a la organización. Y Kotler y Lee (2005) la ven como el compromiso de mejorar el bienestar de la comunidad a través de prácticas de negocios discrecionales y contribuciones de recursos corporativos.
Klonoski hace una interesante clasificación de las teorías sobre responsabilidad social 1) la personalidad y agencia moral 2) el fundamentalismo y 3) las instituciones sociales. Y me interesa en particular la cuestión de si las empresas pueden ser consideradas "agentes morales". Para mí es obvio que no. Son las personas quienes poseen la facultad de ser éticas o no, de tener valores o no, y de ello se derivan consecuencias para la empresa. Por eso tratar de vender valores a una empresa es una quimera y proponérselo a las personas a menudo no pasará de un desiderátum, a menos que se haga la venta durante la infancia y el proceso de construcción de la personalidad. De ahí mi aseveración de que la responsabilidad social, la ética y la moral como valores presentes en empresas e individuos no es algo exigible por la sociedad. Lo que si se puede, y de hecho se debe exigir, es un comportamiento ético y moral, acorde a las convenciones y leyes, tanto si se tienen unos valores encomiables como en ausencia de ellos, y siempre y cuando esas leyes estén orientadas de forma justa y no meramente extractiva o coercitiva, es decir, cuando se orientan a la gestión de impactos, no cuando tratan de valorar como ético o no el ejercicio de la discrecionalidad.
Entender el mundo de la empresa, como mencionan Aguilera y otros autores es sostener que el objetivo principal de la empresa es la supervivencia obtenida a través de ventajas competitivas y diferenciadoras en el mercado. Y tanto es así, que autores como Porter en Estados Unidos o Navarro y Martínez en nuestro país, defienden que los mecanismos de la RSC existen para sustentar las supervivencia de la empresa.

Nota: He elaborado este post basándome directamente en el artículo de Juan José García-Santos y el Dr. Sergio M. Madero-Gómez, del Tecnológico de Monterrey. EGADE Business School. Titulado: "La Evolución del Concepto de Responsabilidad Social: Revisión literaria". Conciencia Tecnológica Nº 51. Enero-Julio 2016; 38-46  
          
   

viernes, 5 de agosto de 2016

RESPONSABLES VERSUS OBEDIENTES

En un estudio publicado por Dahlsrud en 2006 se identificaron y analizaron 37 definiciones diferentes, y no son todas las posibles, del concepto de CSR (RSE en español o RSC como quieran considerarlo). Se trata de definiciones de corte académico, es decir, prescindiendo de las excentricidades y ocurrencias del espacio virtual y de las pander-éticas versiones interesadas. Por otro lado, en un reciente artículo de Carroll (2106) titulado: Carroll`s Pyramid of CSR: taking another look, él mismo echa un vistazo a su conocida propuesta piramidal publicada en 1991, y que probablemente sigue siendo la versión más aceptada del concepto de la disciplina a nivel macro, y sobre el que cabría actuar ajustando la estrategia por niveles.


Una primera e imprescindible aclaración sobre la pirámide de Carroll es la relativa al peso de cada segmento, o importancia atribuida, y que fue medida en un primer estudio del modelo mediante encuesta a 241 ejecutivos. El ancho del segmento se corresponde con las siguientes puntuaciones medias: valor del componente económico 3,5, legal 2,5, ético o virtuoso 2,2 y filantrópico 1,3. Por lo tanto la prevalencia y la importancia proporcional de la dimensión económica, léase obtener beneficios, no es solo una cuestión de lógica racional económica sino que es también lo primero que los grupos de interés esperan de las empresas. Es obvio, que ganen dinero y no dejen de ser viables. La base legal se sitúa en el ámbito del cómo las organizaciones deben obtener esos beneficios, es decir, el marco legal que regula las actuaciones. Estas dos dimensiones, la obtención de beneficios y el respeto a la ley son requisitos sociales de las empresas, es decir, estarían en lo que podríamos denominar un nivel "DEBE." Sin embargo, se suele admitir e incluso dar por sentado que la responsabilidad social va más allá de la legislación, dado que cumplir la ley no parece tener discusión, no es algo  situado en la arena de lo voluntario. Simplemente se cumple, se delinque o se falta a la ley.
La lectura tradicional de la pirámide de Carroll continúa con la dimensión ética, que no es un requisito social sino una expectativa que la sociedad tiene respecto de las organizaciones y que se situaría en un nivel "DEBERÍA". En este punto se ha arrojado mucha confusión y poco análisis. Incluso en alardes discursivos con poco fundamento se ha llegado a defender la "exigencia" del nivel debería por parte de la sociedad a las organizaciones. Ese intento de transgresión del modelo aparece de la mano de la ideología, y la impostura de quienes se auto conceden la legitimidad de otorgar a dedo diplomas de ética o clasificar a los más o menos éticos según un criterio subjetivo, por lo general en función de la pertenencia al grupo ideológico, aunque sus componentes no presenten credenciales éticos desde un punto de vista objetivo y de conducta observada.
Por su parte la filantropía, aparece como algo deseable desde una visión social, una dimensión que estaría situada en el nivel "PUEDE" de las organizaciones que tienen la capacidad y la voluntad de mejorar su entorno y las comunidades donde actúan e incluso más allá de ellas.



Lo relevante de la revisión de la pirámide de Carroll es la permeabilidad del nivel debería, es decir, el componente ético, a lo largo de toda la estructura, no como un segmento exigible "per se" sino como una dinámica de engrase o cadena de transmisión entre el resto de segmentos. La construcción del concepto de la responsabilidad social basada en el conocido modelo de Carrol, significa obtener beneficios (ganar dinero) respetando las leyes, satisfaciendo las expectativas mayores de la sociedad y los impactos producidos y en el mejor de los casos devolviendo desinteresadamente parte de lo ganado a causas de interés general o social. 
En una sociedad capitalista como la americana esto no representa una gran dificultad para ser entendido y aplicado según cada cual asumiendo las consecuencias positivas y negativas según cada qué (se decida hacer). Sin embargo el modelo de Carroll, globalmente reconocido como estándar de la RSE, se ve en cierto modo erróneamente interpretado en las sociedades con corrientes anticapitalistas, de sesgo centralizador y con pulsión regulatoria (hacer muchas leyes aunque las existentes de hecho ya sean inmanejables). La ética anticapitalista, tiene unos conocidos bastiones de apoyo: control sindical al máximo nivel posible, limitación de rentas a los propietarios, estricto marco legal, altos niveles fiscales para las empresas, ausencia de igualdad de trato a empresas públicas y privadas y exaltación de "lo público, no para crear riqueza sino como modelo de redistribución de lo que producen quienes asumen el riesgo. Además de una débil consideración por la inversión privada y el fomento de la línea única de pensamiento. Un terreno de juego de hecho, en el que no haría falta ser socialmente responsables, dado que bastaría con ser socialmente obedientes, eso sí, pagando un alto precio no en euros sino en grados de libertad. El modelo de Carroll no solo no estaba pensado para un entorno anticapitalista, es que de hecho, ni siquiera tiene encaje conceptual en ese tipo de sociedades.
El modelo de Carroll (1991) fue realizado teniendo en mente la sociedad capitalista americana con altos grados de libertad y donde la prevalencia de la responsabilidad social era más alta. En 2007 Crane y Matten observaron que los diferentes segmentos de la pirámide funcionan igual en Europa aunque con un significado algo diferente. Se trata de adaptar los significados y factibilidad de cada segmento no solo al contexto social, sino al tamaño de empresa u organización y el nivel de desarrollo de cada país como señalaba Laura Spence recientemente. En mi opinión personal el modelo sigue vigente, pero las nuevas re-interpretaciones nos llevan a un esfuerzo de adaptación al contexto, ahora venimos diciendo especialización por sectores y momentos de actividad. Para que ello sea posible, más allá del discurso sobre el "to be or not to be" en el que muchos permanecen atrapados en el tiempo, es necesario desarrollar modelos e instrumentos de aplicación. Por suerte la implicación de las universidades y grupos de investigación en responsabilidad social, el entusiasmo y los resultados que se van trasladando al mercado real parecen ir por buen camino y alisar el espinoso seto levantado por el uso político de la disciplina.
  


domingo, 10 de julio de 2016

HOMELESS. DRAMA HUMANO Y COSTE SANITARIO

Los determinantes de la salud son muchos y variados, pero entre ellos está la carencia de un hogar digno y en condiciones saludables. Siempre hubo ricos y pobres, dice un conocido refrán. Sin embargo, en lo que llevamos de siglo XXI las sociedades occidentales se van alejando del modelo de bienestar que comenzó a gestarse tras la segunda guerra mundial y, quizá lo más lamentable, es que la carga impositiva y la presión fiscal con la que financiarlo no ha disminuido, al contrario, se encuentra en niveles poco soportables para el trabajador medio. Según un estudio del INE del año 2012, casi 23.000 personas sin hogar fueron atendidas en centros asistenciales. Alrededor del 80% eran hombres con edades comprendidas entre los 18 y los 45 años. El 45% de ellas se quedó sin hogar porque perdió el trabajo y el 20,9% por separación de su pareja. Además, la mitad de las personas sin hogar tiene hijos.

Un drama humano que a menudo se hace invisible a nuestra mirada, y lo que es más lamentable, invisible a la mirada de los responsables políticos. Nadie querría vivir sin hogar, los homeless tampoco. Según la bibliografía que he podido analizar al respecto, la edad media de los fallecimientos de este colectivo se sitúa por debajo de los 48 años y su tasa de suicidios es alrededor de 5 veces superior a la población de referencia. La causa de muerte más frecuente es una derivada del consumo de drogas, la enfermedad mental y los traumatismos.  Según se recoge en un artículo publicado en la Revista Española de Salud Pública, las personas sin hogar utilizan los servicios de salud (urgencias hospitalarias) entre 5 y 7 veces más que la población media. Reingresan con mayor frecuencia (40%), su estancia hospitalaria es entre 2 y 3 veces mayor que la del resto de pacientes y su coste de hospitalización es hasta 4 veces más elevado que el de las personas con hogar. También es por lo tanto un asunto que concierne a las autoridades sanitarias, dado que se trata de una cohorte de población con necesidades especiales y alta vulnerabilidad.

El artículo mencionado, que ha estudiado una muestra de 100 PSH (Personas Sin Hogar) en la ciudad de Sevilla, concluye con la evidencia sobre el estado de desigualdad extrema en salud que padecen las PSH. El sector sanitario es testigo directo de este problema de salud pública, y debería articular medidas y programas que mitiguen estos impactos en las poblaciones de referencia de las diferentes unidades asistenciales. El problema es multifacético y sería preciso un equipo multidisciplinar para abordar un drama humano que coadyuva al consumo de drogas, la violencia, la marginalidad y sobre todo al deterioro de la salud mental. Nadie está libre de caer en desgracia. Pero por desgracia hay una cierta tendencia a interpretar estas situaciones personales como fruto de sus consecuencias, olvidando las causas que las provocan.  

sábado, 7 de mayo de 2016

El enfoque de sostenibilidad en los planes de salud de las comunidades autónomas: el desarrollo sostenible como oportunidad

La salud es uno de los objetivos de desarrollo sostenible y un derecho universal para todas las personas. Aún queda mucho por hacer y las decisiones políticas de los diferentes gobiernos y sus estrategias son fundamentales. Los planes de salud en nuestro país son documentos políticos en los que se definen las líneas de actuación a desarrollar, la pregunta es ¿Hasta qué punto están orientados a criterios de desarrollo sostenible?
La idea de un plan de salud basado en criterios de desarrollo sostenible es particularmente apropiada para los servicios de provisión de cuidados de la salud, ya que sitúa el foco de la acción en la promoción, el bienestar social y la equidad, además de ser una cuestión de justicia social. Los planes de salud de iniciativa pública pretenden proporcionar el liderazgo y la dirección necesarios para impulsar el desarrollo de un sistema con el que mejorar la salud de las personas, los propios sistemas sanitarios y el bienestar de las poblaciones de una forma eficiente y eficaz. Sin embargo, cuestiones relativas a la sostenibilidad de los instrumentos de planificación en salud no están del todo resueltas, pese a que para algunos autores es una prioridad. Aspectos como su definición en términos operativos y procedimentales, o la forma de medir la sostenibilidad de los planes, continúan en desarrollo.
En este artículo publicado por (SESPAS), en Gaceta Sanitaria, analizamos el nivel de orientación de los planes de salud de las CC.AA a los criterios de Desarrollo Sostenible.

Descargar artículo completo

domingo, 28 de febrero de 2016

Diálogo con los grupos de interés

El diálogo con los grupos de interés va tomando cada vez mayor importancia en las estrategias empresariales y organizativas. Recuerdo, no hace demasiados años, que más allá de preguntar al cliente por su nivel de satisfacción con el producto o servicio, y de tarde en tarde testar a los empleados mediante una encuesta de clima, poco más se hacía al respecto. Ahora se tiene una visión más amplia, de trescientos sesenta grados, acerca de quiénes son aquellos a los que llamamos partes interesadas o grupos de interés. Es posible hacer diferentes definiciones al gusto de cada cual, pero lo esencial, es que se tenga en cuenta que son todos aquellos individuos u organizaciones que pueden recibir impactos de nuestra actividad, o que tienen la capacidad de afectar de un modo u otro a nuestra organización con sus actuaciones o decisiones.



En la imagen que publican en la web nos muestran de forma pormenorizada desde las organizaciones o estructuras más amplias a los grupos más concretos. Como es lógico, este mapa debe descender a nivel de nombres individuales si se pretende realizar posteriormente un diálogo con los representantes de dichos grupos, algo imprescindible por ejemplo a la hora de realizar un análisis de materialidad.
¿Todos los grupos de interés son igual de importantes para la empresa u organización?    
En 1997 Ronald K. Mitchell y otros autores de la University of Pittsburgh publicaron un artículo titulado "Toward a theory of stakeholder identification and silence: defining the principle of who and what really counts"en Academy of Management Review. Un documento imprescindible para entender la relevancia de los grupos de interés y un método de clasificación basado en tres variables: el poder, la urgencia y la legitimidad. Esta forma de evaluar como impactan los diferentes grupos en nuestra entidad y viceversa nos ayuda además a tener un adecuado análisis de riesgos y oportunidades y establecer las mejores estrategias de comunicación con cada uno de ellos.
¿De qué hablamos con los grupos de interés?
Este punto es la clave del diálogo porque al contrario de lo que solemos hacer en la comunicación coloquial, es decir, hablar de lo que a nosotros nos interesa, este diálogo se enfoca desde aquellos asuntos que resultan relevantes para los grupos de interés. Por ello, hay que tener identificados dichos asuntos de forma que se pueda describir el método mediante el cual se han identificado y que contengan esencialmente aspectos económicos, sociales y medioambientales entre otros. Por lo general, se suele comenzar con una reflexión interna en la organización, atendiendo a los posibles impactos de la actividad allí donde se producen (dentro y fuera de la organización), y se lleva a cabo alguna metodología de investigación social. En SOANDEX, utilizamos una variante de RAND consistente en: análisis comparativo con el sector y la competencia y análisis de gabinete (contexto), entrevistas y encuesta más panel de discusión donde buscamos el consenso.

Mediante este camino metodológico que incluye determinados análisis estadísticos procedentes de las encuestas seremos capaces de situar los asuntos por los que hemos preguntado a los grupos de interés, en un eje de dos variables clave: el nivel de relevancia y el nivel de consenso. Una metodología ya publicada por el grupo de investigación SoGres de la Cátedra de Sostenibilidad en las Organizaciones de la Univeristat Jaume I, con quienes colaboramos e investigamos en diferentes áreas.

De este modo queda clasificado el nivel de relevancia de la lista de asuntos identificados inicialmente en tres áreas (A,B,C), de mayor a menor relevancia medida por la puntuación media sobre una escala 1-5 en el eje de las ordenadas, y con mayor o menor consenso en función de la dispersión sobre la media que se muestra en el eje de las abscisas. A partir de este punto la organización planificará su estrategia de comunicación y acciones en función de la situación de cada aspecto o asunto relevante en la matriz (que de hecho es una matriz de materialidad).
¿Pero los grupos de interés cambian de opinión con el tiempo?
Sin lugar a dudas, las prioridades de los grupos de interés varían con el tiempo y esa es una de las razones fundamentales para mantener el diálogo con ellos. Desde nuestro punto de vista un método efectivo y cómodo son los paneles longitudinales. A mi particularmente como sociólogo me perecen una herramienta ideal, con una muestra representativa y el uso de tecnología, como ofrecemos a nuestros clientes, es sencillo y consiste en lo siguiente:
  • Una muestra de grupos de interés con la que se acuerda una actuación concreta (puntuar en una pantalla sobre la importancia de los asuntos identificados), cada cierto tiempo. 
  • Una herramienta que permita la explotación y minería de datos para el análisis.
  • Un analista (interno o externo) que los interprete y facilite la toma de decisiones a la dirección de la entidad.
SOANDEX y SoGres ofrecen una solución llave en mano que incluye el diseño de paneles ad hoc para cada cliente en particular. Una herramienta online sencilla y que permite configuraciones adaptadas en cada caso, con el diseño y los colores de la entidad cliente.

En definitiva, el diálogo con los grupos de interés es una de las claves estratégicas organizativas, no solo desde una visión sostenible de las organizaciones, que obviamente también, sino desde la óptica de la entidad que quiere tener una adecuada integración de sus operaciones en el entorno en el que opera.
En SOANDEX diseñamos e implementamos desde el primer al último paso del proceso, incluyendo la investigación social completa y los paneles longitudinales. Hace unas semanas hicimos un aula online al respecto, cuyo contenido ahora puedes descargar en este enlace.  
Más información en:
SOANDEX Consultores
Zurbano, 45 -1º 28010. Madrid Teléfono: 911 412 848

domingo, 7 de febrero de 2016

Corrupción interior

Una certeza es que la corrupción asola el mundo hoy en día. Parece que la viviéramos como un fenómeno nacional, muy español, como algo vinculado a algunos partidos políticos que a su vez declinan el problema como cosa de personas concretas y no de la institución. La corrupción campa a sus anchas de un lado a otro en lo público y lo privado, pero es negada al tiempo que una buena parte de los negacionistas la practica con devoción y sin descanso cada día, entre una negación y la siguiente. Quizá sea un problema de definición respecto de qué es aquello que llamamos "corrupción". La RAE la define como: "En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores". Pero es obvio que la definición se queda corta en su ámbito de aplicación actual, como laxa se queda la consideración popular de qué perfil de persona es corrupta, y que básicamente se circunscribe a la clase política y poco más.
Si consideramos el concepto nuevo, ampliado y revisado sobre qué podrían ser así mismo prácticas corruptas, dejaría en mal lugar a muchos de sus más firmes detractores. La última reforma del código penal de conformidad con la conocida Ley Orgánica 5/2010 tipifica la corrupción entre particulares,   la cual se conoce como privada de forma genérica. Y la ley es clara al respecto, en este sentido se refiere a aquel que promete, acepta o solicita un beneficio o ventaja a cambio de, por ejemplo, un negocio. A mi personalmente, de nuevo me parece corta la definición y sobre todo, algo complejo de demostrar, dado que en el ámbito privado se opera casi en modo automático, por así decirlo. Y me explico, no hacen falta peticiones expresas de un amigo para que por el simple hecho de que es amigo se le conceda el negocio por parte de quien tiene el presupuesto y el poder de decisión. Si este no estima oportuno ni conveniente aplicar un criterio de gestión leal y dar oportunidades a terceros no lo hace, y no digamos si además le debe favores al amigo o, en el mejor de los casos aplica el "hoy por ti mañana por mi". No hace falta expresarlo como argumenta la ley, simplemente es el "modus operandi".
Decía el Papa Francisco en un reciente periplo por tierras americanas donde habló y mucho de corrupción, que "las ideologías terminan mal, no sirven, las ideologías tienen una relación incompleta o enferma o mala con el pueblo". Y añadía que acaban mermando la libertad. ¿Cuántos flujos económicos y de negocio se mueven sola única y exclusivamente en una dirección: la de aquellos que son de la misma ideología o forman parte del grupo afín de pensamiento? ¿Cuántos negocios se dirimen entre colegas ideológicos de un determinado partido político, aunque actúen en el terreno privado de grandes corporaciones? ¿Cuántas dádivas en especie se reciben y consumen con total normalidad en agradecimiento a las decisiones tomadas? 
Los sistemas de gobernanza de las empresas no tienen aun la sofisticación necesaria y los mecanismos de control para evitar que, lo que siempre ha sido un modo habitual de proceder, como es favorecer por afinidad, quede relegado en favor de la legitimidad de los procesos y la eficiencia técnica y económica. Este es uno de los retos fundamentales que enfrentan hoy día las empresas en la gestión de proveedores y las cadenas de suministros. El otro día, una emprendedora con pinta de estar bastante cansada de pisar moquetas que otros ya habían pisado antes con más suerte me decía: es importante conseguir clientes sobre todo al principio, pero es aún más importante tener una amiga en el sitio adecuado en cada empresa.      

jueves, 31 de diciembre de 2015

RSE POSITIVA: LA VERIFICACIÓN LÓGICA

En la fase en la que nos encontramos en materia de responsabilidad social se evidencia que el deseo social de una conducta responsable de las empresas e instituciones públicas, marcado por elevados fines del bien común y el beneficio de la sociedad no es una realidad generalizada y mucho menos la norma. Desde mi punto de vista, un error desde la ideología en el enfoque inicial convierte el noble propósito de mejorar las organizaciones y sus impactos sociales y medioambientales en una cruzada contra las mismas, sobre todo empresas privadas, y este hecho es lo que configura el "problema de apariencia." Esta es una cuestión aún sin resolver, continuamos dando por bueno que "ser es ser percibido" como defendía Berkeley, padre del inmaterialismo, y del que parecen nutrirse los defensores de los valores convertidos en herramientas de marketing. Valores vendo que para mi no tengo, decía un conocido refrán sobre los consejos. Las empresas orientadas al greenwashing y los medios de comunicación y grupos de influencia afines. ¿Por qué no son creíbles muchos adalides de la empresa limpia, sin corrupción, con altos valores éticos y que sitúe al trabajador en el centro de la acción interna y a la sociedad y el medio ambiente como foco de acciones positivas? La respuesta es simple, porque a menudo es prédica y cuando hay praxis es en sentido contrario, o dicho de otro modo, porque suele ser letra con intención de poder, y las organizaciones responden con frecuencia con la misma moneda.

Les pondré un ejemplo para iluminar la idea. Acabamos de pasar por unas elecciones, como  suele decirse el gran momento y la fiesta de la democracia. Unas semanas antes, la asociación  Forética a la cual pertenezco, había  publicado un análisis de las propuestas en materia de responsabilidad social de los cuatro partidos políticos con más intención de voto según los sondeos. No entraré a realizar un análisis al respecto, pero si tomaré un breve esbozo del mismo. Se dice de uno de los partidos analizados que es el partido que más veces hace alusión al concepto apareciendo en ocho ocasiones de forma explícita relacionada con criterios para la contratación pública, el empleo juvenil, la responsabilidad social con los trabajadores, la sostenibilidad, el respecto al medio ambiente, al consumidor y como medida clave para la prevención de la corrupción en el sector privado. Nótese el matiz, "sector privado". Es decir, el partido detecta corrupción en una parte concreta de la sociedad. Y su líder declara que si no gana las elecciones para llevar a cabo este plan y su programa se considerará un fracasado en la política. El resto de la historia y los hechos son conocidos por todos ustedes.
La RSE positiva no es una moneda de cambio, ni un instrumento al servicio de las intenciones políticas de unos pocos, para eso no sirve. Sin embargo, es lo que hace una mayoría en esta etapa metafísica de historias trufadas por altavoces al albur de las necesidades sociales que nos apremian. Ya decía Foucault, que hay dispositivos de poder, y argucias, que funcionan perfectamente  sin la intervención de estrategas especializados, basta con usar el tiempo correcto y las influencias. El Círculo de Viena lanzó varias propuestas acerca del positivismo, pero para mi sin duda, la más interesante es la de la no contradictoriedad de las ideas que uno tiene del mundo y de las proposiciones derivadas de ellas. Eso mismo, es lo que el Círculo de Viena llama la verificación lógica.
Mientras persista, y me temo que será por mucho tiempo, la idea de que la responsabilidad social es lo que una determinada ideología exige al mundo de la empresa la confusión no solo no acabará sino que irá en aumento y de ello, mucho me temo se derive finalmente una desconexión entre empresa y sociedad, aún mayor que la actual.
El rostro más perverso de la responsabilidad social es la actitud falaz de muchos de sus precursores disfrazada de bondad y de ética, predicada con la letra y ninguneada con la práctica. Resulta difícil comprender el mecanismo racional de los predicadores, de sus líneas de pensamiento frente al espejo y de la respuesta a la pregunta ¿Por qué hago lo contrario de lo que digo? Y además, pretendo que me crean. Es sin duda un camino difícil, metafísico, propio de ilusionistas si el resultado fuera alentador pero algo realmente pobre a la luz de la verificación.

domingo, 25 de octubre de 2015

RSE POSITIVA: LOS INICIOS

Decía Salvador Dalí: "Si cuesta lo mismo quedar bien que quedar mal, por qué diablos hay que quedar bien." Pero claro, hay que tener en consideración que Dalí "era un genio" y ese pequeño detalle no debe ser confundido con "tener genio", son los peligros de la polisemia. La RSE Positiva no tiene genio pero si aspiraciones de ser útil para las organizaciones. En esta propuesta evolutiva que iremos desgranando no hay mal genio y trataremos de dar luz a dicha utilidad. En este segundo artículo aún rondaremos el mundo de las ideas, la fase inicial de la responsabilidad social llevada al positivismo aún tiene un largo camino por delante.

Lo que no encontrará en el desarrollo de la RSE Positiva
No encontrará todo aquello que no es responsabilidad social pero que a menudo aparece bajo su paraguas. Por lo tanto, no encontrará ni activismo negativo ni crítica destructiva de la que poca utilidad puede esperarse. Tampoco el boicot como forma de inconformismo y carente de soluciones. Ni el dogmatismo político y la ideología. No hallará una trinchera anticapitalista y antisistema, y no encontrará estas cosas por la sencilla razón de que desde dichas acciones se daña la responsabilidad social como disciplina cuando dicen actuar en su nombre. Se trata de un error de concepto y de inconformismo aspiracional, y no digo que no sea comprensible, pero no sirve para mejorar las organizaciones. La confusión de base conceptual proviene de la interpretación del capital como un mal del que derivan los fallos del sistema. Como si los ejemplos de planificación central y hegemonía de lo público nos mostraran riqueza y desarrollo social a lo largo de la historia. Igualar la precariedad no es lo mismo que crear bienestar. Tampoco encontrará complicidad o simpatía por las entidades, públicas y privadas que delinquen o dañan el tejido social con sus actuaciones o dejadez ante los impactos negativos y los perjuicios ocasionados a comunidades y personas, empezando por los propios trabajadores. Ni comprensión por los mecanismos técnicos para evadir impuestos o las argucias legales para desarmar y empobrecer a la sociedad. No encontrará estas cosas porque es lo que hay que disolver de la dinámica social. Una dinámica que debe admitir el capital y la creación de riqueza como un bien necesario, respetando el mérito y el riesgo y aceptando la desigualdad cuando es producto no de la diferencia de oportunidades sino del esfuerzo, el trabajo duro y el talento. Y por otro lado, paliando la desigualdad y dándole soporte cuando se debe al contexto desfavorable sobrevenido, inmerecido o como consecuencia de situaciones de vulnerabilidad.

Perdidos en los inicios; una infancia tan larga como traumática
Voy a llamar infancia responsable a la primera fase para no hablar de positivismo teológico que es su nombre en la teoría de la que nos servimos para establecer el paralelismo. En esta fase las cosas ocurren debido a la "magia". Las personas explican el mundo de forma ficticia y atribuyen los resultados a explicaciones inventadas o ilusorias. La responsabilidad social ha pasado por su estado teológico y en parte aún continúa en él. Las organizaciones se han ido adaptando a la demanda cada vez más exigente de realizar y sobre todo comunicar acciones responsables. Nos han mostrado y algunas continúan haciéndolo, informes de sostenibilidad por citar un ejemplo, en los que interpretan los asuntos que interesan a la sociedad y los grupos de interés con base en una reflexión interior, útil en parte pero insuficiente sin diálogo y sobre todo investigación social.
En esta fase inicial todo es RSE en el ideario colectivo, incluida la acción social, la filantropía, el marketing con causa, la comunicación y un largo etcétera. De repente el mundo de las organizaciones puede ser explicado en base a la responsabilidad social, que pasa a ser un tótem en el que todos ponen la mirada. Ha sido también el momento de la sopa de letras. En esta etapa, sin embargo, el desinterés ha ido en aumento, conforme se comprobaba que muchos de estos informes carecían de contenido real, que detrás de lo dicho y publicado no había lo realmente esperado. No tardaron tampoco las críticas desde múltiples ámbitos y de forma más o menos interesada en señalar al instrumento de comunicación como inservible.

La responsabilidad social ha tenido una infancia difusa que podemos situar a mediados del siglo XX como referente histórico más cercano. Se trata de una toma de conciencia necesaria entonces y ahora, acerca del hecho de que las organizaciones forman parte de un sistema mayor, la sociedad, del que se nutren "en parte" y al que deben corresponder de forma equilibrada en función de las oportunidades y beneficios recibidos y los riesgos asumidos, un "quid pro quo" que de hecho, es la madre del cordero. La literatura académica ya venía produciendo material al respecto desde algunos años antes, vinculando empresa y sociedad.

        Dr. Jaime Pérez Martín Gaitero (SOANDEX Consultores)

En marzo de 1946 la RSC se estrena de largo en la revista Fortune, dónde por primera vez los directivos son requeridos a dar explicaciones sobre sus responsabilidades sociales. La cuestión no pasa de anecdótica porque nos movemos por aquel entonces en el mundo de la filosofía, un poco si quieren desde la complacencia del sillón del directivo que de repente recuerda que ahí abajo hay una sociedad. Sin embargo, a lo largo de las décadas siguientes el concepto irá evolucionando, pero no será asumido inmediatamente ni por las organizaciones ni, sobre todo, por la sociedad.

Friedman y el dilema no resuelto del cinismo social  
El denostado premio Nobel de Economía Milton Friedman acuñó una celebre frase en 1976 por la que es con frecuencia recordado: "La única responsabilidad social de la empresa es maximizar las ganancias para los accionistas". El problema es que no dijo de qué forma, sino que dejó ahí el recado. Su falta de precisión le ha demonizado ante las posiciones más radicales del discurso anticapitalista.
Sin embargo, la reflexión más perentoria que necesitamos hacer desde una RSE Positiva es acerca de la definición de conceptos, y de los roles que nos atribuimos y sobre todo adjudicamos a los demás, incluido el mercado que también aparece convertido en fetiche sobre el que descargar las críticas y despachar los miedos en esta etapa inicial de la responsabilidad social.
Desde un punto de vista yo diría que interesado el mercado está "codificado" en nombres como Wall Street, el IBEX o el DAX, dirigido por media docena de señores con tirantes tomando las decisiones para todo el planeta y sus oportunidades de desarrollo sostenible. Sin embargo, olvidamos que el mercado somos usted y yo sumados a millones de consumidores. Una masa enorme de decisiones cotidianas e individuales que conducen a la compra de camisetas deportivas fabricadas en países donde no se respetan los derechos humanos. Un ejercito de individuos que adquieren cartuchos de tinta no originales para impresoras con marcas de nombres impronunciables fabricadas con mano de obra infantil. Las ciudades llenas de mamás y papás que llevan a los nenes al "cole" emitiendo gases de efecto invernadero con su bonito todo terreno de doscientos caballos. El mercado también es el plan de pensiones, ese con el que presionamos al banco para que nos aporte más rentabilidad cada año sin preguntar donde invierten para obtenerla ¿Usted conoce la composición de cartera de los fondos asociados al plan de pensiones? El mercado es esa gran cantidad de mamás y papás que no reciclamos y compramos bandejas y embalajes en las grandes superficies como para empapelar la muralla china. El mercado es la administración pública (no importa el signo político) cuando no cumple la ley de pago a proveedores y fuerza a las empresas a despedir o bajar salarios incidiendo en el crecimiento y el empleo. Mercado también son las organizaciones que usan las leyes que critican para llevar a cabo despidos más baratos en sus propias entidades mientras son señalados por participar en tramas con los fondos para el fomento del trabajo y la formación de millones de parados. En fin, el mercado es el conjunto de nuestras monstruosamente cínicas decisiones diarias en palabras de Salvador Dalí.

¿Dónde estamos y por qué estamos de este modo?
La responsabilidad social está saliendo, a duras penas, del estado teológico pero lejos aún de la RSE positiva. Y lo fundamento en tres puntos clave para terminar el proceso de salto a la segunda fase.

1.- Una buena parte del discurso sobre responsabilidad social actual es "pura filosofía" característica de la infancia responsable donde aparece el mercado convertido en fetiche del mal. Un ente imaginario sobre el que descargar la responsabilidad de los defectos y desigualdades de nuestra sociedad. Nuestras decisiones cotidianas no importan en este estado, nosotros no somos responsables porque hay una entidad superior a la que podemos culpar: el mercado y las grandes corporaciones, y por supuesto el capital. Nos hemos acostumbrado a señalar con el índice acusador sobre la ética de los demás (este es el ejercicio favorito en esta etapa), mientras oímos caer al suelo los cristales rotos del espejo en el que hemos perdido la costumbre de mirarnos, y que se ha dejado caer de puro aburrimiento. Se pretende cambiar el mundo empezando por el mundo.
Las organizaciones asisten atónitas al desaforado interés por la responsabilidad social, en muchos casos (sobre todo pymes) sin saber muy bien de qué va el tema. Recibiendo impactos desde el gremio del derecho porque la cosa va de ponerse a escribir leyes, desde el ámbito de la comunicación porque el tema es el mensaje y comunicar lo que se hace (lo bueno), desde el marketing porque así es como se obtiene rentabilidad y desde las redes sociales donde cada cual intenta vender su libro, conciliando sus filias y combatiendo sus fobias.
No obstante, las empresas intentan adaptar sus estructuras y en esto tampoco el proceso está claro de momento. Vemos la responsabilidad social asociada a comunicación, a recursos humanos, a marketing y en ocasiones con departamento propio de carácter intermedio que no siempre reporta a dirección.

2.- En segundo lugar la orientación filosófica de la responsabilidad social en nuestro país es de corte político - ideológico. Esto desafortunadamente acentúa la dicotomía aquí los buenos - allí los malos, con tanta tradición entre nosotros. La respuesta de las organizaciones con frecuencia es simplemente quedar bien y no situarse en el fuego cruzado. La lógica les lleva no al cambio estratégico sino a la comunicación del mensaje. La empresa sabe bien que las batallas son un coste y rara vez reportan beneficios.
La contraposición de intereses no hace posible una idea común porque las actuaciones de las diferentes organizaciones involucradas en el desarrollo de políticas y estrategias y sus representantes, parecen más orientadas a seguir maximizando su statu quo relacional, que es de donde se obtienen beneficios y mejoras de situación.

3.- Mientras tanto, el mercado real continúa ajeno a esta etapa. Las Pymes, que representan el 95% del volumen de actividad en nuestro país no reciben estímulos positivos de la administración; como exenciones fiscales por incorporar acciones de RSE, mejora de la competitividad en las licitaciones, o subvenciones para las adaptaciones necesarias. Y por si fuera poca cosa, la propia administración fomenta y propaga un discurso que cuando menos es flexible si lo comparamos con sus actuaciones, y ello debilita la credibilidad del mercado respecto de la necesidad de ser socialmente responsable.
La etapa inicial quizá esté tocando a su final de puro agotamiento, exprimiendo los mensajes que son siempre los mismos. La fase inicial debe terminar, sobre todo porque el respetable comienza a estar un punto desencantando de oír siempre una sola letra y la misma canción... como en el día de la marmota.



miércoles, 14 de octubre de 2015

La RSE es POSITIVA

El positivismo es una corriente que afirma que el único conocimiento auténtico es el conocimiento científico, y que tal conocimiento solo puede surgir de la afirmación de las teorías a través del método científico. Además niega que la filosofía pueda dar información acerca del mundo, esta teoría corresponde exclusivamente a las ciencias. Entre los sociólogos está muy extendida la idea del método, el contraste empírico de los hechos para dar explicaciones plausibles de la realidad que se observa. La "idea" de responsabilidad social tiene buena parte de filosofía, de aspiración acerca de lo que "debería ser", si se quiere ver de este modo, y en ese terreno se mueve exclusivamente en el entorno del discurso. Este hecho, desde mi punto de vista, es uno de los problemas que impiden avanzar a la disciplina. La primera fase discursiva ha quedado enrocada en sí misma, sometida al bucle sin salida del reclamo, la reivindicación e incluso el recurso al pataleo. El desinterés de buena parte de las organizaciones acerca de las propuestas que las haga socialmente responsables puede estar relacionado con la falta de fuerza empírica; con el lógico desinterés por proposiciones lanzadas al viento e incapaces de aterrizar en una cuenta de resultados.    

Elevando el tono organizativo
Convertir la batalla discursiva en cuestiones prácticas es pasar de la RSE al "social issues management" del CSP descrito por Wartick: identificación de problemas, análisis y desarrollo de las respuestas. Personalmente no tengo dudas de que este proceso tiene un encaje lógico con el desarrollo de estrategias de responsabilidad social y permite elaborar planes de comunicación claros y de interés para los stakeholders. Las expectativas sobre información de las organizaciones están cambiando. El segundo documento publicado por GRI dentro del programa "Reporting 2025" muestra las tendencias sobre como serán las memorias de sostenibilidad en las próximas décadas. Entre sus conclusiones destaca sobre todo lo siguiente: se requerirán acciones concretas de las organizaciones respecto de los asuntos significativos si realmente queremos una economía más sostenible.

¿De qué realidades y asuntos hablamos?
Algunas de las imágenes cada vez más habituales ante nuestros ojos son el incremento de la población, la desigualdad, el cambio climático, los conflictos y las violaciones de los derechos humanos y las crisis migratorias. Estos hechos configuran una nueva realidad internacional y el contexto en el que las organizaciones operan hoy y lo harán cada vez más en un futuro cercano. Recientemente han sido aprobados los objetivos de desarrollo sostenible y, que duda cabe, deberían significar una orientación irrenunciable en las actuaciones más allá del 2015. Ahora más que nunca se hace necesario emprender a base de las soluciones antes que interpretar realidades sociales como el origen de las desigualdades. Primero herramientas y soluciones y luego las disquisiciones: toca ser prácticos.

El sector privado es clave
Las empresas en general y las grandes corporaciones en particular tendrán que mostrar públicamente su compromiso con determinados asuntos que resultan críticos para sus operaciones, y hacerlo de forma que contribuyan con impactos positivos en las sociedades en las que operan al tiempo que limitan los negativos. Lo líderes de estas organizaciones harán bien en ser proactivos en la búsqueda de innovaciones en sus actuaciones e integrar las estrategias de sostenibilidad en sus modelos de crecimiento y desarrollo de negocio. Ahora bien, si decíamos que la responsabilidad social debe ir saliendo del bucle discursivo, tampoco resultará aceptable para la sociedad el mensaje hueco de contenido o construido a base de recortes publicitarios de los presidentes de las grandes corporaciones.

Mayor integración y escrutinio
La comunicación de las empresas con los grupos de interés requerirá que los informes de sostenibilidad sean cada vez más integrados, no solo en materia de información financiera y no financiera. Será además necesario que se integren los compromisos y objetivos establecidos con los grupos de interés, los socios y los aliados de la organización. Habrá que incluir las actuaciones en la esfera de influencia y la cadena de valor. Será crítico así mismo que las compañías encuentren los impactos directos e indirectos derivados de sus actuaciones y centren los planes de acción en ellos. Este nivel de información en modelos de reportes en tiempo real situará a las organizaciones en un nivel de visibilidad como no había existido hasta ahora.

La RSE es positiva
Es el momento idóneo para otra RSE: una RSE positiva, capaz de aportar soluciones antes que reivindicaciones, orientada hacia la alianza con el sector empresarial y organizativo antes que al establecimiento de posiciones antagónicas propias de los posicionamientos políticos de los mercenarios ideológicos. Una RSE positiva que no se debe confundir con servicial o cómplice sino que debe ser vista como aliada en la solución de problemas organizativos que impactan en la sociedad y tienen un coste interno y externo. Una RSE pensada como parte estratégica del desempeño y que no sea vista por el capital o la empresa como un mal necesario exigido desde el exterior.
La RSE positiva carece de resentimiento, es ajena al desafío David contra Goliat porque no se plantea desde la confrontación sino desde el objetivo común de construir una sociedad más equitativa a través de organizaciones que operan adecuadamente en el medio en el que se desenvuelven. Esta nueva RSE positiva no debe tener puesto el foco en la construcción de murallas legislativas, en añadir nuevos ladrillos en forma de leyes que vayan aumentando la ya inexpugnable muralla legal en España para el común conocimiento de los mortales de la empresa.
La RSE positiva debe tener como objetivo el crecimiento sano y adecuado de las empresas y organizaciones, ayudándolas a limitar los impactos negativos en el entorno y aumentar su reconocimiento social.        

sábado, 3 de octubre de 2015

"Que mala es la RSE"

Como seguramente el lector ya sabe la palabra todología no existe en el diccionario, sin embargo sí encontramos la entrada "todólogo", referida a aquel que conoce de todo y que además, es capaz de explicarlo. El caso Volkswagen ha desatado una auténtica tempestad de artículos y posts en las redes sociales sobre la industria del automóvil, las emisiones, la política empresarial, la organización de empresas y un largo etcétera, muchas de ellas explicadas desde la óptica de la responsabilidad social. No es de extrañar que haya tantos, y cada vez más, que opinan que no sirve para nada. Es probablemente el precio de tanto usarla para explicar con ella cada nuevo evento relacionado con el mal comportamiento de las empresas.
No comparto el afán de querer ser la gran explicación universal   pase lo que pase. Es curioso lo poco o nada que se ha publicado a raíz del caso Volkswagen sobre los sistemas de gestión y procesos, las auditorías internas, la producción de software, las  personas que lo sabían como es lógico, las finanzas que pagan los sistemas para hacer posible la compra de medios técnicos. Es curioso, lo poco que se ha hablado del fracaso de los departamentos de recursos humanos que no identifican en su organigrama a directivos poco honestos o si lo hacen callan y los admiten. Sin embargo, si se ha hablado, y mucho, del gran fracaso de la responsabilidad social en general. Por ejemplo, en este artículo de Enrique Dans, donde se coge la parte por el todo y, a mi entender, se introducen en exceso generalidades y conclusiones precipitadas. ¿Confundimos el departamento de RSC con el de seguridad o la policía? ¿Por qué no habla del fracaso del departamento legal? ¿El fraude es cosa de leyes, no? ¿Por qué no habla del departamento de comunicación, de hecho... ¿No se defiende que la RSC no es más que una parte de la comunicación? ¿Dónde está el problema? ¿Por qué ahora decimos que "mala" es la RSE?

Quizá la culpa es de la perseverancia en una sola música
Por mi parte he llegado a la conclusión de que la culpa de lo que ocurre es de la insistencia en una filosofía persistente del discurso abanderado por el "debería ser". No la culpa de lo que ha ocurrido en Volkswagen, que esa ya sabemos que la tienen las personas que tomaron las decisiones encaminadas al fraude y que son las que tendrían que pagar las consecuencias. Me refiero, a la culpa de que el foco cotidianamente se sitúe en la responsabilidad social, de forma perversamente intencionada.
Aún hoy, y viene de lejos, hay quienes insisten en que lo que hace falta son más leyes y más control sindical. Y además, aderezado todo ello con más restricciones y control del Estado que todo lo arregla. Intervencionismo, impuestos y toda una serie de instrumentos nada motivadores para que el capital venga a crear riqueza y empleo a nuestro país o a los países de la economía occidental. Para que las empresas sean responsables, se defiende a menudo, hace falta un gobierno fuerte que las ate en corto. Un gobierno que cabría esperar tenga una ideología poco afín al capital. Traslade el lector esta ideología a la responsabilidad social ¿Y qué tenemos? Lógico, una reacción "anafiláctica" generalizada en las empresas al oír hablar de RSC; un sarpullido para entendernos. 
No es de extrañar por lo tanto que ante desmanes como el de Volkswagen se tenga la tentación de buscar un cabeza de turco, un hombre de paja, y quien mejor que el de la responsabilidad social.

¿Para qué decir lo que no se quiere oír?
La batalla de la politización de la responsabilidad social hace tiempo que está servida. Hace años que la tomaron por bandera desde determinadas posiciones ideológicas e incluso partidos políticos, con la finalidad no tanto de mejorar el tejido empresarial como con la motivación de usarla como argumento contrario al empresario y el capital. ¿Por qué? Pues quizá por ser identificados como los que votan mayoritariamente a partidos de ideología liberal. El argumento es simple, pero a veces la explicación más sencilla es la más plausible.  
Que las leyes son necesarias no vamos a discutirlo a estas alturas, pero pretender que mediante la pulsión reguladora  no haya mañana delincuentes y defraudadores es como poco un tanto ingenuo. Pretender que las empresas o los directivos que  toman malas decisiones dejen de hacerlo porque hay más leyes tampoco resultará. ¿Acaso en Alemania es legal el fraude empresarial? ¿Alguna ley ha evitado alguna vez algún delito cuando el que lo comete ha tomado la decisión de hacerlo?
Mientras las posiciones no sean estratégicas y los mensajes continúen por la vía de la coerción, la responsabilidad social estará amenazada y  con frecuencia ninguneada. La muralla será cada vez más alta, para que el DIRSE no tenga como escalarla y, eso sí, cada vez que haya una crisis como la de Volkswagen entonces se pueda leer: el fracaso de la RSE.      

Convencer por obligación
He leído una buena cantidad de artículos acerca del caso Volkswagen estos días, en los que bajo el paraguas de la responsabilidad social se ha hablado o escrito de todo menos de ella. Se abordan como decía temas de legislación, por enésima vez, de filosofía, de ideas, de medioambiente, de gases y de coches como es lógico. Sin embargo, no he conseguido encontrar ningún artículo con alguna propuesta estratégica para evitar fraudes corporativos a gran escala. La conclusión que saco de todo ello, es que quizá y después de todo la culpa en efecto sea de la responsabilidad social tal y como la vemos hoy, un lugar cada vez más común en el que cada uno deja lo que no le sirve y, claro es, tampoco sirve a nadie. Al menos, queda el consuelo de que otra RSE es posible.

sábado, 19 de septiembre de 2015

ISO 26000:2010 Auditada. Un avance imprescindible.

ISO 26000:2010 es sin duda la guía marco de responsabilidad social más reconocida a nivel internacional, y una de las más utilizadas por las organizaciones para implementar sus estrategias no solo de RSE, sino en sentido más amplio, su orientación al desarrollo sostenible. Ahora, además es posible mostrar al mercado las evidencias de haber realizado una correcta implementación a través de la auditoría externa y el correspondiente certificado de haberla superado. En el año 2011 NEN, el organismo de estandarización de procesos holandés, publicó el código de práctica NPR 9026, una guía de práctica de implementación de ISO 26000:2010. Desde entonces, más de un centenar de empresas y grandes corporaciones la han utilizado y han mostrado al mercado las evidencias en forma de auto declaración con auditoría externa. En diferentes países europeos ha sido la firma Lloyds quien ha desarrollado el proceso y emite el certificado de conformidad, al que se han adherido organizaciones transnacionales del tamaño de Friedslamcampina.
En nuestro país el procedimiento ha sido desarrollado por la consultora especializada en RSE y Sostenibilidad SOANDEX y establecido un primer acuerdo de implementación con IMQ Ibérica; la entidad italiana de certificación y miembro de IQNet.
El proceso de entrada en el mercado español se ha realizado mediante dos proyectos de implementación ya finalizados y que serán presentados el próximo día 15 de octubre en Madrid, con presencia del Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

     
  
Tendremos entonces la ocasión de conocer de primera mano ambos proyectos. En el primer caso, la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Montes, Forestal y del Medio Natural, de la universidad Politécnica de Madrid, asignó el proyecto al trabajo de fin de ingeniería de D. Néstor Santos de León, dirigido por la profesora Dra. Carmen Avilés Palacios, del departamento de Organización de Empresas de dicha entidad y, co-dirigido por quien suscribe este post. El tribunal encargado de su evaluación le otorgó el pasado 7 de septiembre la máxima calificación al proyecto, que ya es una realidad para esta entidad y un logro de la Escuela y de su autor.

La Universidad Politécnica suma de este modo un nuevo hito, dentro del amplio marco y experiencia en responsabilidad social que viene desarrollando la Cátedra Ciudad Sostenible y Empresa. 
En el acto de presentación conoceremos igualmente el proceso llevado a cabo en el medio de comunicación responsable líder a nivel nacional y de América Latina, Corresponsables. La entidad, que acaba de cumplir diez años de exitosa actividad cuenta con una extensa experiencia en prácticas respobsables, además de su actividad enfocada en la promoción de la responsabilidad social. Corresponsables es una de las empresas pioneras en publicar su memoria de sostenibilidad GRI G4 en el nivel exhaustivo. El conocimiento interno en las materias y asuntos ha sido clave para que esta empresa haya alcanzado un nivel dos de los tres existentes en la evaluación de la auto declaración. 
La innovación que ahora introducimos en nuestro país supone una oportunidad inigualable para las empresas que ya utilizan ISO 26000:2010 como marco estratégico. Con la experiencia previa el proceso se acorta y por lo tanto son necesarios menos recursos para llegar a la auto declaración y la evaluación externa. Por otro lado, es la gran oportunidad para todas aquellas empresas que se preguntan ¿por dónde empezar?. Elegir ISO 26000:2010 es situar el foco no solo en el reconocimiento del mercado nacional, sino además, la garantía de haber elegido la estrategia por excelencia en responsabilidad social.
Les esperamos el día 15 de octubre en este acto que estamos seguros va a suponer el despegue definitivo de la norma en nuestro entorno para el beneficio de muchas organizaciones y sus grupos de interés.


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miércoles, 27 de mayo de 2015

Sostenibilidad, Salud y Derechos Humanos


La salud es uno de los derechos universales más apreciados por las personas en todo tipo de sociedades, y en particular en Occidente, donde afortunadamente tras la segunda guerra mundial, comenzamos a institucionalizar sistemas sanitarios avanzados hasta llegar a nuestros días.

Desde entonces hemos incrementado la esperanza de vida de forma dramática y conseguido, además de longevidad, unos indicadores de salud impensables hace tan solo unas décadas. Hemos disminuido la morbilidad de patologías infecciosas que causaban grandes estragos y costes, y estamos padeciendo nuevas enfermedades propias de las sociedades avanzadas, caracterizadas por su cronicidad, su carácter coadyuvante con más de una patología y el elevado coste de las complicaciones a medio plazo. 

Estos retos demográficos, unidos a las tensiones presupuestarias derivadas de las situaciones de crisis y el incremento de las necesidades económicas en sanidad, están haciendo que se cuestionen aspectos como la equidad, la universalidad, o la accesibilidad. Además, asistimos a las consecuencias derivadas de medidas de corto plazo, por lo general restricciones en el gasto, que bajo el manto de la sostenibilidad del sistema pueden precisamente estar poniendo en peligro su continuidad como lo conocemos hoy en día.

A menudo podemos leer y oír en foros especializados del sector sanitario público y la industria privada asociada, que la actividad que realizan ya es de hecho socialmente responsable. Hay una asociación de conceptos directa entre dedicarse a la salud, o a la provisión de servicios y productos en el sector, y la responsabilidad social. Quizá sea un punto de partida aceptable para situar la actividad pero indudablemente es necesario avanzar mucho más allá en estos conceptos y, sobre todo, en el vínculo entre la responsabilidad social y la sostenibilidad en el sistema sanitario. Con el deseo de maquillar la realidad solo construiremos bellos sueños que nos ayuden a enmascarar una triste verdad. 

La dimensión económica es sin duda la más relevante para sostener servicios de provisión pública con cargo a presupuestos derivados de la fiscalidad, como es el caso de la sanidad. En el año 2002 las competencias en materia de sanidad quedaron transferidas al conjunto de las comunidades autónomas que aún no las tenían, y por tanto la responsabilidad de la asignación de presupuestos o recortes en los mismos, allí donde se produzcan. Un primer paso en la línea correcta podría venir derivada de una asignación de presupuesto finalista para sanidad, una mayor transparencia y homogeneidad del presupuesto por habitante y una definición de cartera de servicios que no incremente las diferencias entre comunidades por razones ideológicas y electoralistas. Por otro lado, la búsqueda de la eficacia pasa por una visión compartida con la industria que derive hacia objetivos basados en los resultados en salud, asumiendo riesgos compartidos y teniendo como foco al paciente en todo momento.

Los planes de salud de las comunidades autónomas incorporan progresivamente materias y asuntos relacionados con la responsabilidad social. La gobernanza es clave en el liderazgo del sistema sanitario y las empresas relacionadas, pero además, existe un panel de asuntos relevantes muy significativo en materias como derechos humanos, medio ambiente, o asuntos de consumidores entendidos éstos como los pacientes en primer lugar, y sus familiares y el resto de ciudadanos en general. El diálogo con los grupos de interés es básico si se pretende ser socialmente responsable, porque es de esta comunicación de doble dirección de donde saldrán las cuestiones que importan a los pacientes y que deben ser atendidas por el sistema. 

En esa misma línea, la industria tiene una excelente oportunidad de relación con las autoridades sanitarias. El acceso a mercado puede basarse en los planes de salud, sus estrategias y objetivos que incluyen de manera muy clara la relación con los grupos de interés y, en especial, con el paciente.

El sistema afronta retos de enorme dimensión como la falta de adherencia terapéutica que supera el 50%. Este hecho hace que los planteamientos de relación con el paciente deban ser orientados a la promoción de la salud y de hábitos de vida saludable por una parte y a la corresponsabilidad y la toma de conciencia sobre la patología y su cuidado por otra.
Por último, señalar que la dimensión medioambiental es importante a la hora de considerar los drivers en la salud y en la enfermedad. Las sociedades actuales producen una elevada cantidad de emisiones de efectos invernadero con repercusiones directas sobre la salud. Pero además, aspectos como la contaminación acústica, el contacto con residuos industriales o el entorno insalubre produce, sobre todo en los grupos más vulnerables, situaciones de riesgo para la salud. A todo ello, se unen las consecuencias de un cambio climático cada vez más perceptible a nivel global.
Si realmente queremos vincular la salud a la responsabilidad social parece necesario afianzar una idea holística desde un punto de vista basado en criterios de desarrollo sostenible y atender a las materias y asuntos que se contemplan en marcos y guías internacionales como ISO 26000, la cual representa un excelente marco estratégico para dicha tarea.